Por qué fotografío personas
¿Por qué? Es una buena pregunta.
La verdad es que una parte esencial de este trabajo es que me gusta crear. Disfruto muchísimo cada paso de la creación de una imagen, desde alistar mi equipo hasta el punto final, que es publicar o entregar un proyecto.
Cada paso que doy es para disfrutar el momento: configurar la cámara, buscar la mejor luz, hablar con las personas antes de cualquier fotografía. De hecho, algo que disfruto mucho es esa charla antes de la sesión. Me permite conocerlos, profundizar, saber si tenemos cosas en común o no, entender si son abiertos o un poco cohibidos, si hablan de temas más profundos o se limitan a pocas palabras.
Esa es una de las cosas que más disfruto. Siempre me ha gustado socializar, y esta profesión es perfecta para eso. Siento que la esencia de las fotos tiene un poco de quiénes son ellos… y de quién soy yo.
En esencia, me gusta conocer a las personas y lograr que en una imagen se alcance a ver quiénes son. Pero la creación de todo eso es, para mí, lo mejor.
En estas semanas he estado trabajando más de 10 horas al día, y a veces no quiero dormir porque quiero seguir trabajando. Termino forzándome a irme a dormir, pero lo único que quiero es despertar, hacer mis deberes y poder sentarme a seguir creando.
Me gusta tener historias en mi computadora que debo contar, y no me alcanza la vida para poder mostrar todo. Es emocionante y frustrante al mismo tiempo.
Muchas veces me preguntan por qué no delegar, por qué no hacerlo con alguien más que ayude a editar o incluso a tomar. Pero siempre tengo la sensación de que debo hacerlo yo. Parte de eso es el perfeccionismo (aunque mi trabajo no sea perfecto), y también los miedos e incertidumbres sobre lo que voy a publicar. Muchas veces siento el juicio sobre mi trabajo, siento que es poco o insuficiente, y eso a veces me deja trabado.
Aun así, he mejorado en este último año. Y si hay algo que nadie puede arrebatarme, es las ganas de hacer más fotos, todos los días.
Mi camino se ha formado con el tiempo. Antes, acompañado de mi esposa; ahora, acompañado también por mi familia. Lamentablemente, ella tiene otro empleo y dedica la mayor parte de su tiempo a ese trabajo y a nuestras dos hijas. Disfrutaba mucho cuando estaba más involucrada conmigo en esto, pero también es verdad que crecí y maduré al tener que resolver muchas cosas por mí mismo. Y eso, al final, ha servido en mi proceso profesional.
Ha sido un camino largo para mí.
Fotografiar personas es de lo mejor de mi vida, y por eso le doy la seriedad necesaria. Tomo muy en serio la confianza que me dan al permitirme contar su historia. Muchas veces me detengo a pensar: ¿por qué confían en mí? , ¿mi trabajo realmente es suficiente como para que alguien me contrate?
Son preguntas que salen de mí.
Pero cuando recibo un mensaje de alguien que quiere platicar sobre una historia que desea contar, eso me reanima. Me hace seguir adelante.
La verdad, no sé qué depara mi vida con la cámara. Pero sí sé que es algo que me apasiona y que quiero seguir haciendo.
Veo fotos, sesiones, bodas, historias… y muchas veces pienso que me hubiera gustado contar esa historia. Visualizo cómo hubiera sido mi enfoque, y al mismo tiempo admiro cómo alguien más la contó. Aprendo de ver, de escuchar y de analizar otros trabajos. Me gusta dialogar con colegas, porque ahí encuentro a alguien que entiende lo mismo que yo.
Espero poder contar una historia más cada día.

